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ADN revela jerarquía y sacrificios en la ciudad china de Shimao, 4.000 años

Investigadores reconstruyeron árboles genealógicos y prácticas funerarias.

Una nueva investigación genética arrojó luz sobre la vida en Shimao, una de las ciudades prehistóricas más grandes de China, levantada hace unos 4.000 años en la meseta de Loes, al norte de Shaanxi. El análisis de restos humanos confirmó que la sociedad estaba rígidamente estratificada, con linajes patrilineales que ordenaban el acceso al poder y a los rituales. 

El estudio, que secuenció datos de 169 individuos procedentes de Shimao y sitios satélite, permitió reconstruir parentescos de hasta cuatro generaciones. Además, corroboró prácticas de sacrificio humano: más de 80 cráneos fueron hallados bajo la Puerta Este, un rasgo excepcional en la arqueología china para ese periodo. 

Shimao se extendía por cerca de 4 km² y estaba protegida por murallas de piedra con recintos interior y exterior, rasgos propios de sociedades con organización estatal temprana. La planificación urbana y la segmentación de barrios sugieren funciones diferenciadas y una autoridad centralizada. 

Los investigadores identificaron dos grandes cementerios: uno en el centro (Huangchengtai), asociado a gobernantes, y otro en el interior para la élite. Las tumbas se ordenaban en categorías jerárquicas, de mayor a menor estatus, reflejando un esquema social rígido. 

El ADN evidenció una continuidad ancestral prolongada: Shimao deriva en gran medida de poblaciones relacionadas con la cultura Yangshao, con aportes periódicos de grupos del interior del norte (Yumin) que no alteraron la ascendencia dominante. 

Aunque el sitio exhibe objetos exóticos, jade fino, placas de hueso, tallas, las redes de intercambio no dejaron señales genéticas sustantivas, lo que sugiere circulación de bienes antes que migraciones masivas. 

Los linajes masculinos estructuraban la herencia y el estatus, pero se documentan mujeres de alto rango, lo que indica vías de ascenso no exclusivamente masculinas en la cúspide social. 

En el ámbito ritual, los individuos sacrificados no estaban emparentados con las élites sepultadas en tumbas principales; se trataría de prácticas mortuorias basadas en el estatus, no en lazos familiares. 

La cronología ubica a Shimao entre ca. 2300–1800 a. C., con paralelos y contactos con Taosi y Liangzhu, y presencia de influencias del sur vinculadas a la expansión del cultivo de arroz hacia el norte. 

En comparación internacional, la escala urbana, la planificación y la evidencia de sacrificios la sitúan junto a centros complejos de Mesoamérica o del Mediterráneo preclásico en cuanto a jerarquización temprana y control ideológico.

Para arqueólogos y genetistas, el trabajo establece un precedente metodológico en Asia oriental: demuestra que el ADN antiguo puede reconstruir pedigríes y prácticas sociales a nivel micro, directamente en la escena urbana. 

Instituciones chinas destacaron que hallazgos como los cementerios nobles y el conjunto de cráneos refuerzan la importancia de Shimao en el origen de la civilización del norte de China. 

Con Shimao, la genética y la arqueología confluyen para perfilar una sociedad que combinó comercio de largo alcance, autoridad central y rituales de alto impacto simbólico. La investigación abre nuevas preguntas sobre el vínculo entre linaje, poder y violencia ritual en el surgimiento de los primeros “protoestados” de Asia oriental.

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