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Colombia: crece la deserción en pensiones mientras cae la informalidad laboral

Mantener la continuidad del aporte es el principal reto del mercado laboral.

Un análisis reciente de ANIF señala que, aunque la informalidad laboral se ubica en mínimos históricos en 2025, está creciendo el número de trabajadores que dejan de cotizar a pensión tras pocos meses de afiliación. El fenómeno preocupa por su impacto directo en la cobertura real y la protección de la vejez.

De acuerdo con el centro de estudios, la clave está en la continuidad del aporte: interrumpirlo expulsa a la persona de la formalidad efectiva, la aleja de cumplir semanas mínimas y reduce la probabilidad de una pensión futura. El patrón de “entrar y salir” del sistema se hace más frecuente entre ocupaciones con ingresos variables y trayectorias laborales inestables.

El reporte se publica en un contexto de informalidad nacional en torno a 55,1%, el nivel más bajo en varias mediciones recientes. Sin embargo, el empleo creado no se traduce con la misma fuerza en calidad: una fracción importante de los nuevos puestos siguen siendo informales o de ingresos fluctuantes, lo que dificulta sostener aportes pensionales.

ANIF advierte que más de la mitad de trabajadores permanecen por fuera del sistema pensional o inactiva en sus aportes. En el agregado, la relación entre afiliados que cotizan y los que no lo hacen de manera regular se ha deteriorado, lo cual compromete objetivos de cobertura de mediano plazo.

La inactividad contributiva responde a varios factores: pérdida o cambio de ocupación, rotación hacia micronegocios y trabajo por cuenta propia, y los costos de oportunidad de mantener un aporte cuando los ingresos son inestables. En hogares vulnerables, cualquier shock de ingreso prioriza el gasto inmediato sobre el ahorro para la vejez.

El análisis recuerda que la semanalidad (acumular semanas) exige persistencia contributiva por años; por eso, interrupciones de pocos meses, repetidas, pueden dejar a la persona lejos de la meta. Además, la densidad de cotización, porcentaje de la vida laboral en que se aporta, sigue siendo baja para la mayoría.

Comparado con otros países de la región, Colombia enfrenta una brecha similar: altos niveles de empleo no declarado y tasas de desempleo que interrumpen trayectorias formales. La experiencia internacional muestra que sin acompañamiento al trabajador independiente y reducción de costos de afiliación, la continuidad no mejora.

En Colombia, sectores como micronegocios y comercio minorista concentran buena parte de la informalidad. Aun cuando se formalizan, muchos emprendimientos operan con vaivenes de ingreso que inducen a saltar dentro y fuera del régimen contributivo.

El viraje regulatorio de 2025 con el esquema de pilares y nuevos umbrales de cotización, busca ampliar la base de aportantes y ordenar flujos entre el componente público y el complementario de ahorro. No obstante, ANIF pone el foco en la realidad del mercado laboral: sin estabilidad de ingresos, la arquitectura del sistema no garantiza cobertura.

A nivel fiscal, el aumento de inactivos eleva presiones sobre programas no contributivos para la vejez, que dependen del presupuesto general. En el tiempo, esto puede tensionar las cuentas y reducir espacio para inversión social si no se logra mayor densidad de cotización en los ocupados.

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Gremios y analistas coinciden en que la prioridad es mejorar la calidad del empleo: formalización de micronegocios, alivios para independientes y esquemas de cotización más flexibles que acompañen ingresos irregulares. También piden pedagogía y herramientas digitales que faciliten el pago oportuno de aportes.

Desde el frente institucional, se plantea robustecer la interoperabilidad de bases de datos para detectar tempranamente la inactividad y ofrecer rutas de reenganche contributivo. Programas de transición para quienes alternan períodos formales e informales resultarían críticos para no romper la continuidad.

La foto de 2025 es clara: más empleo no equivale a más protección si los aportes no se sostienen. El reto consiste en acercar la formalidad estadística a la formalidad efectiva, garantizando trayectorias contributivas estables. 

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