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Empleo en alza: mujeres ocuparon 7 de cada 10 nuevos puestos en Colombia

El salto del empleo en 2025 no es casual: confluyen recomposición sectorial y demanda. La manufactura dejó atrás la caída de 2024 y volvió a crear plazas, mientras educación, salud y alojamiento/comidas ampliaron nóminas. Detrás, hay recuperación del consumo, turismo interno y normalización de inventarios.

El 70 % de los nuevos puestos fue a mujeres. ¿Por qué? Tres pistas: (1) recomposición de ramas intensivas en servicios sociales; (2) crecimiento de manufacturas livianas (textil-confección, alimentos, cuidado personal) con alta participación femenina; (3) mejora de la intermediación laboral, que conectó oferta y demanda.

El paro bajó a 8,2 % con 23,9 millones de ocupados, y el desempleo femenino llegó por primera vez a 9,6 % en septiembre, cerrando parcialmente la brecha. Aun así, las mujeres sostienen más trabajo no remunerado y una mayor probabilidad de informalidad.

La EMMET confirma que la industria empezó a contratar de nuevo: variaciones positivas en producción y empleo a lo largo del año, con oscilaciones, pero tendencia favorable en el segundo semestre.

El reto estructural es la calidad del empleo. Con informalidad por encima del 50 %, millones de trabajadores carecen de seguridad social y estabilidad. Sin formalización y productividad en pymes, la mejora podría agotarse.

Para consolidar el ciclo hacen falta tres políticas: (i) formación técnica y STEM para mujeres, (ii) reducción de costos no salariales para contratar formalmente y (iii) inversión en cuidado (jardines, tiempo escolar ampliado) que libere oferta laboral femenina.

También pesa el frente regional: mientras áreas metropolitanas concentran la creación de empleo, regiones con especialización agrícola o minero-energética requieren diversificación y encadenamientos manufactureros.

Los salarios reales mejoran si la productividad acompaña; de lo contrario, suben costos sin anclar competitividad. De ahí la importancia de tecnología, calidad y exportaciones en la industria.

El 2026 abre un espacio para que programas de compras públicas y encadenamientos locales anclen la demanda manufacturera, especialmente en textiles, metalmecánica y alimentos.

El balance: buenas cifras coyunturales, con riesgos si no se interviene el núcleo duro —informalidad y productividad— que hoy limita el impacto social del repunte.

Reacciones y consecuencias

Gremios industriales piden bajar energía y trámites; organizaciones de mujeres reclaman conciliación trabajo–cuidado y combate al techo de cristal en mandos medios de planta.

Analistas recomiendan una hoja de ruta por ramas (textil, alimentos, químicos) y metas de empleo femenino medibles por región, con incentivos a la formalización.

Cierre

La foto de septiembre es positiva. La película dependerá de si Colombia convierte el rebote manufacturero y el avance femenino en empleos formales y productivos.

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