Petro asegura que su gobierno ha desmantelado 10.366 laboratorios.
El expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a cuestionar el papel de Colombia en el tráfico internacional de drogas y afirmó que el país “mantiene fábricas de cocaína activas”. En declaraciones desde su despacho en la Casa Blanca, aseguró que “se sentiría orgulloso” de destruir esas instalaciones, aunque aclaró que no hablaba de una acción inmediata.
Trump señaló: “¿Destruiría esas fábricas? Me sentiría orgulloso de hacerlo, personalmente”, en un mensaje que también mencionó su disposición a acciones más duras contra redes del narcotráfico en México y su rechazo al gobierno venezolano de Nicolás Maduro. Dijo que “no descarta nada” en el caso venezolano.
El exmandatario sostuvo que desmantelar infraestructura de producción “salvaría millones de vidas”. Sin embargo, evitó precisar mecanismos o plazos. En el mismo pronunciamiento, indicó que vería con buenos ojos “operativos terrestres en México” para frenar el tráfico de drogas hacia su país, en línea con la agenda de seguridad que ha promovido.
Sobre Venezuela, Trump afirmó que el régimen de Nicolás Maduro “no ha sido bueno para Estados Unidos”, y dejó abierta la posibilidad de enviar tropas “en algún momento”, sin mayores detalles. Agregó que podría conversar con el líder chavista, pero que no confía en su gobierno.
Las declaraciones provocaron respuesta inmediata del presidente colombiano, Gustavo Petro, quien desde su cuenta en X (antes Twitter) defendió los resultados de su administración. “¿Cómo me sentiré de orgulloso que en mi gobierno se han destruido 10.366 laboratorios de producción de cocaína?”, escribió, aludiendo a reportes oficiales de incautaciones y erradicaciones.
El cruce revive un debate recurrente en la relación bilateral: la efectividad de la política antidrogas y los límites de la cooperación militar. En años recientes, Washington ha respaldado con recursos y asistencia la lucha contra el narcotráfico, mientras en Bogotá se discuten nuevas estrategias de sustitución y regulación.
Expertos en seguridad advierten que expresiones como “fábricas de cocaína” simplifican un fenómeno que incluye laboratorios clandestinos, rutas transnacionales y economías ilegales. Subrayan que Colombia, México y Venezuela enfrentan dinámicas distintas, y que golpes policiales no necesariamente desarticulan finanzas criminales.
A nivel internacional, la retórica endurecida puede tener efectos políticos internos en EE. UU. y encender choques diplomáticos regionales. Organizaciones de derechos humanos han pedido que cualquier cooperación respete el derecho internacional y evite daños a comunidades rurales.
La Casa Blanca no emitió aclaración adicional sobre eventuales planes. En Colombia, sectores de oposición y oficialismo reaccionaron con críticas y llamados a proteger la soberanía, mientras se insiste en una política integral que combine persecución criminal, desarrollo rural y prevención del consumo.
Analistas prevén que los dichos de Trump eleven la temperatura del debate en campaña estadounidense respecto a frontera y narcotráfico. En Colombia, la respuesta de Petro busca blindar su gestión con cifras de laboratorios destruidos y resultados operativos.
Organismos multilaterales y académicos recomiendan cooperación basada en evidencia, con énfasis en reducción de daños y control financiero de carteles. Cualquier mención a “intervenciones” despierta alertas diplomáticas en la región.
El intercambio entre Trump y Petro reabre viejas grietas sobre la lucha contra las drogas y sus métodos. Entre la presión por resultados y las rutas globales del negocio ilícito, los gobiernos se mueven entre la cooperación y la tensión.









